Cuando llegué por primera vez a Gijón Surf Hostel, pensaba que venía por las olas y los atardeceres. Y aunque ambas cosas son increíbles, lo que realmente me hizo enamorarme de este lugar fue la gente.

Cada día, personas de todo el mundo cruzan la puerta de este surf hostel, y cada semana se siente como un nuevo capítulo lleno de culturas, historias y amistades inesperadas. Ya sea compartiendo una tabla, una litera o una cerveza, este lugar me recuerda constantemente lo fácil que es conectar con los demás, incluso cuando viajas solo.

Sí, puedes venir solo — yo lo hice. Y, sinceramente, puede que sea la mejor forma de vivir la experiencia de Gijón Surf Hostel. Desde el primer momento, sentí que formaba parte de algo. Hay algo en la atmósfera… tal vez sea el sonido del mar de fondo, o la alegría que trae el verano. Sea lo que sea, hace que la gente se sienta bienvenida desde el primer instante. Algunos llegan con la idea de quedarse unos días y acaban quedándose semanas.

Mucho más que un hostel

Las zonas comunes como la terraza o el salón están siempre llenas de vida. Es totalmente normal escuchar varios idiomas a la vez, ver a alguien cocinando una receta de su país o entrar en una sesión de baile improvisada. Siempre está pasando algo: alguien te invita a la playa, a cocinar juntos o a apuntarte a una ruta de bares o una partida de billar. Aquí, ser un desconocido dura poco.

El surf es solo el principio

El surf es una parte muy importante de la experiencia en Gijón Surf Hostel, pero incluso si nunca has tocado una tabla, este es el lugar perfecto para empezar. Los instructores son cercanos, pacientes y se emocionan de verdad al ver cómo cada persona mejora. No hay nada como coger tu primera ola con gente que acabas de conocer animándote desde la orilla.

Y si ya surfeas, vas a disfrutar como nunca en spots locales como Playa de Rodiles o Playa de Peñarrubia — el equipo del hostel siempre está listo para acompañarte.

Noches con magia

Es por la noche cuando sucede la verdadera magia. Tras un día en el agua o explorando Gijón, todos se reúnen. A veces para una cena grupal, otras para salir de fiesta, o simplemente para sentarse en la terraza con algo de beber y una buena conversación.

He tenido charlas profundas sobre la vida con personas que acababa de conocer unas horas antes. He bailado, reído, jugado y hecho planes espontáneos para viajar con gente de lugares completamente distintos. Las conexiones aquí suceden rápido — y se sienten auténticas.

Un intercambio cultural inesperado

Es precioso cómo cada persona trae un trocito de su mundo. Un día un brasileño te enseña a bailar funk, al siguiente un voluntario taiwanés comparte sus trucos para preparar el mejor bubble tea. Más tarde, un huésped italiano te enseña a hacer pasta desde cero, y acabas debatiendo con un amigo mexicano cuál es el país que hace los mejores tacos… mientras todo el mundo se une a la conversación entre risas.

Es el tipo de intercambio cultural que no puedes planear — simplemente ocurre.

Las despedidas son lo más difícil

Las conexiones que haces aquí se crean casi sin darte cuenta. Un día conoces a alguien desayunando, y al siguiente sientes que llevas años hablando con esa persona. Eso es lo que hace este lugar tan especial — y también lo que hace que las despedidas sean tan duras.

La gente llega, compartes días llenos de risas, surf y charlas nocturnas… y de repente, es hora de decir adiós. Prometéis reencontraros en algún lugar del mundo, pero esa litera vacía o esa silla sin ocupar se notan.

“Es siempre doloroso separarse de alguien a quien uno ha conocido, aunque sea durante poco tiempo. La ausencia de viejos amigos se puede soportar con ecuanimidad, pero incluso una separación momentánea de quien acabas de conocer resulta casi insoportable.”
— Oscar Wilde, La importancia de llamarse Ernesto

Un lugar al que siempre querrás volver

Y aun así, siempre vale la pena — porque te marchas con nuevos amigos, recuerdos inolvidables y la sensación de que Gijón Surf Hostel será siempre un lugar al que podrás volver.